No oía nada. Solo las palpitaciones de su corazón, un latido de elefante sobre un tambor. Sabia que estaba apunto de desmayarse. Se sento en su sitio, pero tenia la sensación de que no estaba allí. Y pronto las terribles palabras fueron penetrando, poco a poco, a través de pequeñas rendijas, abriendo diminutos bloques en el muro protector levantado rápidamente por ella. Palabras sueltas que ahora se ordenavan para formar una frase. La frase que se clavaba somo una flecha en su cerebro.
