Todas ponemos nuestras ilusiones en el tipo perfecto de chico ideal, todas coincidimos en el legendario chico alto, rubio ojos azules y esa maravillosa sonrisa. Pero más tarde nos damos cuenta de que pocas conseguimos ese tipo, afortunadas de aquellas que lo consiguen. Creamos ilusiones con la mínima palabra bonita que nos dice una bonita boca de algún chico, ponemos des de ese momento toda nuestra atención en el, somos capaces de perdernos locamente en la mirada de ese chico, mientras que para ese chico no es nada más que palabras. Se nos rompen las ilusiones al ver a ese chico, al que creías gustarle, al lado de otra. Luego piensas, pobrecita, no sabe que después de esta noche ya tal vez ni se acuerde de ella. Nos crean ilusiones con la más mínima palabra, con tan solo una mirada nos enamoramos. Nos gusta crear nuestras películas junto a ese chico, y no nos damos cuenta de que para ellos no es nada, de que para ellos solo somos un juego. Tal vez les importe más el futbol, el deporte, su cuerpo masculino explotador, que nosotras. Y una vez rotas las ilusiones, una vez desecha y amargada, nos volvemos a olvidar y nos vuelve a suceder otra vez la misma historia. Decimos: #. El es distinto, es diferente. Me quiere y no me va a hacer daño#. Y luego plomo! Otra vez empiezan las lágrimas, las noches en vela, las ganas de morir, mirarte en el espejo y solo ver esa imbécil y estúpida niña que no vale la pena. Al final, ya como última opción, decimos que vamos a demostrar que podemos jugar con ellos, creernos unas putitas. Pero nos volvemos a enamorar, y lo pasamos peor, porque aparte de enamorarte, debes escabullirte de las palabras de otras mujeres celosas que intentan hacerte daño, porque ellas no tienen valor a hacer lo que tú intentas. Pero te das cuenta de que siempre, pase el que pase, vuelves a sentirte estúpida, usada. En cambio ellos, no, ellos se sienten machitos por hacértelo pasar ací.
